Alt de la primera imagenAlt de la segunda imagen

La dieta alcalina y los huesos


Se ha demostrado que la relación dieta alcalina y huesos también es muy buena para la salud de estos. Mantener el equilibrio ácido alcalino en nuestra dieta hará que nuestros huesos estén más sanos ya que al obtener los nutrientes que nuestro organismo necesita, y de una manera fácilmente asimilable hará que nuestros huesos estén fuertes y es la mejor forma de prevenir ciertas patologías, como puede ser la osteoporosis, problema que afecta especialmente a las mujeres una vez que llega la menopausia, debido a los cambios hormonales.

Además de mantener una dieta alcalina es recomendable para tener un sistema óseo fuerte hacer ejercicio moderado regularmente.

Una cuestión de evolución

Teniendo en cuenta la evolución de nuestra especie, durante miles de años, nuestros antepasados de la Edad de Piedra se alimentaban de cientos de diferentes tipos de alimentos naturales como son, semillas, frutos secos, verduras, frutas, raíces… y complementaban esta dieta con los animales que cazaban y el pescado que pescaban. Esta dieta les proporcionaba un pH equilibrado, guardando unas buenas proporciones ácido-alcalino. No es difícil llegar a la conclusión de que nuestro organismo, órganos, sistema óseo, etc.

Han ido evolucionando y adaptándose a esta dieta. Con lo que se pueden consumir proteínas, legumbres y cereales y otros alimentos ricos en proteínas, pero hay que equilibrar este consumo con abundantes alimentos alcalinos de formación, como son las verduras, frutas, frutos secos, semillas y especias. Esto es lo que hicimos durante miles de años.

El cultivo de la tierra

Todo cambia cuando el hombre comienza a cultivar la tierra (con la aparición de la agricultura), y a criar animales para su propio consumo (con la aparición de la ganadería), con lo que la disponibilidad de carne aumentó así como también los cereales. Esto fue un punto de inflexión en nuestra forma de vida, siendo uno de los factores responsables del aumento de la esperanza de vida y calidad de ésta, pero también de cambios importantes en la alimentación de la humanidad y como consecuencia de este cambio aparecen nuevas patologías y enfermedades derivadas de este cambio en la alimentación, desviándonos de la dieta equilibrada ácido alcalina que nuestros antepasados lograron, y para la que nuestro organismo está preparado.

Esta alimentación crea una condición en nuestro organismo llamado acidosis metabólica crónica. Mientras que nuestro cuerpo puede manejar fácilmente una carga de ácido ocasional, a largo plazo, la acumulación de ácido en nuestro organismo puede agotar nuestras reservas alcalinizantes disponibles. A menos que tomemos medidas para neutralizar estos ácidos, que son los responsables de muchas patologías y problemas de salud modernos, como puede ser la osteoporosis si atendemos a la relación de dieta alcalina y huesos.

Una solución única

La solución obvia que podemos darle a este problema es hacer lo que nos vienen diciendo diferentes nutricionistas y médicos especialistas, y que concuerda con las bases de la dieta alcalina, esto es, aumentar el consumo de frutas frescas y verduras, y reducir los alimentos procesados, carnes y dulces. Pero ¿cuánta cantidad de frutas y verduras son las necesarias? Y dentro de éstas, ¿cuáles son las de mejor elección para nuestro propósito? Además, ¿qué carnes y dulces son los que debemos reducir? Todas estas son las preguntas que la mayoría de las personas que están dispuestas a hacer el cambio en sus dietas se suelen hacer y muchas veces cuando no se tiene claro ni se encuentra información fiable, puede ser la causa del abandono de estas recomendaciones.

Intentando responder a estas dudas sobre las pautas que hay que seguir a la hora de reestablecer el equilibrio ácido alcalino de nuestro organismo os proponemos estas pautas:

  1. Asegurarnos la ingesta del 80% del grupo de alimentos alcalino de formación. El resto, el 20% deben de ser de alto nivel proteico y otros alimentos generadores de ácido. Esto debe mantenerse de forma más estricta al principio, hasta que los síntomas mejoren o hasta que comprobemos que el equilibrio del pH ha mejorado, esto puede saberse por mediciones en la orina o en la saliva. Luego puede mantenerse un porcentaje del 65% frente al 35%. Aunque recomendamos que se mantengan al menos 3 días a la semana con la proporción del 80% y 20%.
  2. Preferir las verduras crudas y frutas frescas frente a los muy cocinados. También ingerir frutos secos crudos, semillas, especias, granos integrales enteros, y legumbres, especialmente las lentejas.
  3. Bebidas alcalinizantes: té verde, agua de manantial.
  4. Reducir, o sea, ingerir pequeñas cantidades de carne, pescado, huevos, y productos lácteos (yogur, queso, mantequilla y leche)
  5. Eliminar: productos procesados como la bollería, harinas refinadas, cafeína, azúcar blanca.
  6. Permitidos: aceite de oliva virgen extra, zumo de limón para aderezar las ensaladas, stevia y miel para endulzar.

Cómo valorar nuestro estado general

Hay ciertos síntomas que indican un desequilibrio ácido. Si presenta tres o más de estos síntomas quiere decir que su pH interno se ha desplazado hacia la acidez.

  • Aumento de peso.
  • Dolores y molestias no específicas, sobre todo en los huesos y las articulaciones.
  • Reflujo ácido o acidez estomacal.
  • Digestiones pesadas, intestino irritable, cólicos intestinales.
  • Fatiga, sensación de falta de energía.
  • Debilidad muscular y pérdida de masa muscular.
  • Problemas en el tracto urinario.
  • Retracción de las encías. Gingivitis.
  • Cálculos renales.
  • Pérdida de masa ósea, osteoporosis.
  • Problemas de la piel.

 

Los comentarios están cerrados.